REMENBRANSA DE MIEL

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MIEL UNA HISTORIA LLENA DE AMOR.

Todo empezó mucho antes, cuando yo estaba en Nueva York. Ahí fue donde me encontró Delfina del Socorro Hernández Dávila, en un momento en que yo andaba a punto de terminar con todo. Yo le puse el nombre artístico de “La Payasa Medicina”, porque buscaba un concepto basado en la fe; mi nombre como payaso es “Hecho”, sacado del libro de los Hechos, y mi ministerio se guía por Lucas 18:16: “Dejad a los niños venir a mí, porque de los tales es el reino de los cielos”.

Llegamos a Monterrey en el año 2011, y en esa época casi no había parejas de payasos, así que todos la volteaban a ver. Pero desde el principio se empezó a armar todo lo malo. Chuy Muñoz fue uno de los que más se metió: él fue quien más se benefició de Delfina, porque ella le construyó todo su camino, le dio comodidad, educación y lo tenía entre los que más privilegios tenían en mi casa. Al principio eran pareja, pero luego empezaron a compartirla entre todos los payasos que andaban por aquí.

Yo trabajaba duro y generaba entre 20 y 30 mil pesos al mes, pero ellos no querían esforzarse: eran huevones que no sabían mantenerse solos. Yo confiaba en ellos, les prestaba mi aplicación para que sacaran viajes y se alivianaran, pero a propósito rechazaban los pedidos; el resultado era que a mí me castigaban la cuenta y ya no me salía trabajo después. Se armó un complot en mi contra: no querían que yo tuviera dinero, porque si yo salía adelante y ellos no, me arrastraban hacia abajo para no sentirse menos.

Todos me saboteaban: entraban a mi casa y se llevaban lo que encontraban de valor —sombreros, monedas de plata, herramientas, todo lo que servía—. Para ellos era como cumplir lo peor que dice la Biblia: robar, mentir, destruir. Venían más que nada por Delfina y por ver qué se robaban.

Así que Chuy Muñoz fue quien trajo a Miel, la perra, a mi casa. Y después, cuando ya tuvo lo que quería, se llevó a Delfina con él. Porque la verdad es que todos mandaban sobre ella menos yo: la llevaban a eventos grandes, de aquí para allá, a grabaciones y salidas. A ella le gustaban los hombres jóvenes, así que se acostaba con Chuy, con Tiro Loco, con Piedra y con todos los muchachos que llegaban. Yo vivía engañado, pensando que eran mis amigos: los sentaba en mi mesa grande, les pagaba la comida, les daba techo y ayuda, sin darme cuenta de que solo me estaban usando.

Con el tiempo Delfina empezó a perder el control por completo: se metió a consumir piedra, coca y cristal. Quedó chimuela muy rápido, se le caía el pelo, y siempre padecía de dolores fuertes en los huesos. Decían que mientras más relaciones tenía, más le dolían las piernas y todo el cuerpo; pasaba días enteros sin dormir. Yo hasta le pagué su beca para que estudiara, pero ella disponía de todo su tiempo libre para hacer lo que quería: buscaba cualquier pretexto para salir —decía que iba a caminar, al dentista, al mercado los miércoles— y en realidad se iba a ver a otros hombres, incluso los traía a mi propia casa cuando yo no estaba. Su problema principal era la promiscuidad, y el de todos esos payasos era la droga. También vendía sustancias en su pueblo, y yo estaba ciego ante todo lo que pasaba.

Por eso la raíz de todo esto es la llegada de Miel: la que hoy todos conocen, la que se quedó conmigo, la que se pegó a mi lado cuando todo se me venía encima. Yo aprendí a quererla y ella a mí; se convirtió en mi compañera cuando me quedé solo.

Ahora llevo clases intensivas de psicología que poco a poco me va dando mi terapeuta. Sigo estudiando todo lo que tiene que ver con el comportamiento humano, la degradación, el liderazgo, cómo funciona el cerebro y qué nos lleva a tomar malas decisiones. Tengo 47 años, procuro no meterme en problemas, y a toda la gente que se acerca a mí la ayudo sin esperar nada a cambio.

Actualmente vivimos en la Granja Valle Santa Lucía. Aquí estamos: Lili, la Negra, Miel y yo. Somos la familia más perrona de Monterrey. Nos mantenemos del trabajo que hacemos en los semáforos y de lo que nos colaboran las personas que pasan en sus carros. Es un trabajo muy cansado: aguantamos el sol, el ruido, y nos lastiman mucho las luces altas, los spoilers y los faros muy fuertes, pero así vamos saliendo adelante.

Estas páginas web las compré en diciembre del año pasado, hace unos seis o siete meses, y apenas les puedo empezar a mover ahora. Antes no tenía computadora: me rompieron todas las que tenía y se llevaron todo lo de valor que guardaba. Ya tengo mi laptop y por fin puedo crear todo esto, contar lo que pasó y que se sepa la verdad.

Agradezco mucho a la vida y a quienes me han apoyado. Mi nombre es Carlos Úñiga, conocido como El Payaso Hecho, y mi ministerio se basa en Lucas 18:16: “Dejad a los niños venir a mí, porque de los tales es el reino de los cielos, y el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. También dice la escritura: “Quien da de comer a un ser vivo, a un hijo de Dios, recibe larga vida y bendición”.

Así seguimos, contando la realidad tal cual fue, sin adornos ni mentiras. Esta es la primera versión, después se va puliendo poco a poco, pero por ahora aquí está toda la historia completa, desde el principio hasta hoy.

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